Reflexiones pragmáticas sobre el uso de la evidencia en la política pública

La revista científica de alto impacto Iberoamerican Journal of Development Studies, con sede en España y que se encuentra en el tercer cuartil del catálogo Scimago, publicó el artículo Form follows function in evidence-based public policy: the pragmatic alternative to the positivist orthodoxy, de autoría de Pablo Garcés Velástegui, docente investigador del Instituto de Altos Estudios Nacionales (IAEN), la universidad de posgrado del Estado.

En esta contribución, el profesor Garcés realiza una reflexión crítica sobre la política pública basada en la evidencia. Su análisis se realiza desde la filosofía de las ciencias sociales. En este sentido, cuestiona el acercamiento convencional, el positivista, y su búsqueda de respuestas fijas o, en otras palabras, de evidencia virtualmente absoluta que garantice la amplia generalización de resultados y la predicción de fenómenos.

“Ciertamente, estos objetivos son deseables debido a que hablan sobre la efectividad de la política pública”, asegura. Sin embargo, la diversidad e incluso contraste de hallazgos con similares pretensiones de predicción sugiere que la expectativa del alcance de esas generalizaciones merece reconsiderarse. “Si bien los esfuerzos por brindar mejores fundamentos y rigor a la política pública merecen reconocimiento, es importante reconocer que la evidencia no habla por sí misma”.

Como una alternativa más cercana a la experiencia del ser humano, el profesor Garcés propone el pragmatismo filosófico clásico. Esta es una filosofía principalmente desarrollada a inicios del siglo XX que rechaza los absolutos positivistas. “En lugar de partir de la mente o de las cosas, el pragmatismo parte de la acción”, enfatiza. Por tanto, reconoce que la investigación (la generación de evidencia) es una transacción entre el conocedor y lo conocido, donde aquel aborda a este desde sus intereses, preferencias, teorías e imaginación. De esta manera, el conocimiento o evidencia que genere el conocedor es siempre suscitada desde una posición de prejuicio. Asimismo, para el pragmatismo, la acción es investigación pues implica el intercambio entre el conocedor y su entorno y, en tal virtud, lo conocido no puede definirse sin el conocedor y el conocimiento tampoco puede definirse sin el entorno.

Consecuentemente, el pragmatismo tiene importantes implicaciones para la política pública. Primero, es un llamado a la transparencia y explicitud en los sesgos del investigador, del hacedor de la política y de los afectados o beneficiados por ella. Segundo, debido a lo anterior, implica el reconocimiento del carácter preliminar de la evidencia. Tercero, y en consecuencia, es una invitación a la participación de todos las partes interesadas, incluyendo la comunidad académica en el escrutinio de la evidencia. Así, una política pública pragmática, al reconocer su real alcance y limitaciones, tiene el potencial de ser más efectiva, anota el profesor Garcés.

El autor

Pablo Garcés Velástegui es candidato a doctor en Desarrollo Local y Cooperación Internacional. Además, tiene los siguientes posgrados: Master of Public Administration, Master of Public Policy y Master of Arts of International Relations. Ha colaborado en varias instituciones del Estado en el diseño, la implementación y el análisis de políticas públicas, procurando estrechar la brecha entre la academia y la práctica. Actualmente, su investigación se enfoca en los estudios del desarrollo, la política pública, la economía del comportamiento y la integración regional. Además de ser profesor titular del IAEN, es profesor de la Pontificia Universidad Católica del Ecuador, sede Quito.

Cómo citar este artículo: Garcés, P. (2019) Form follows function in evidence-based public policy: the pragmatic alternative to the positivist orthodoxy. Iberoamerican Journal of Development Studies, 8(2): 44-68

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